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Capítulo
Punto 482
Los medios · Punto 482

¿Qué importa
que tengas en contra
al mundo entero
con todos sus poderes? Tú... ¡adelante!

—Repite las palabras del salmo: «El Señor es mi luz y mi salud,
¿a quién temeré?...
‘Si consistant adversum me castra, non timebit cor meum’

—Aunque me vea cercado de enemigos, no flaqueará
mi corazón».

Comentario

Uccello, La batalla de San Romano

Texto escrito sobre una media cuartilla [1]. Este doble versículo del salmo 26 conmovía especialmente a San Josemaría, que lo introdujo ya en los primeros años treinta en la oración-invocación cotidiana que dispuso que rezaran los fieles del Opus Dei.

Durante su estancia en la Legación de Honduras predicaba:

«Esta consideración nos anima a pensar en la Iglesia triunfante. Recuerdo con gran consuelo una conversación que mantuve con un gran santo; lo asesinaron en julio del año pasado, cuando se hallaba sazonado, preparado para ir al encuentro del Amor, pues había escrito todo el libro de su vida, desde el principio hasta el fin, con letras de oro [2].

Ya sabes, Señor, que yo tampoco tengo más Amor que el tuyo, que no deseo atarme a los amores de la tierra, que se derriten como cera puesta al sol. Hablábamos de la posibilidad de sufrir martirio. Le dije que no me asusta la muerte: que la aceptaría gustoso cuándo, dónde y cómo quisiera el Señor mandármela, pero que sentiría abandonaros. Y continué afirmando, mientras él asentía, que los afectos santos de la tierra se conservan en el Cielo: allí podremos pedir por las personas a las que quisimos aquí abajo.

¿Veis que no estamos solos? Como los primeros fieles en la quietud de las catacumbas romanas, podemos clamar: Dominus illuminatio mea et salus mea, quem timebo? (Ps 26, 1) el Señor es mi luz y mi salvación, ¿a quién temeré? Sólo así podemos explicarnos las hazañas, verdaderamente recias, que llevaron a cabo aquellos primeros cristianos» [3].



[1] En el dorso se lee, escrita a máquina, a manera de un título, esta media frase: «ra el cuerpo».

[2] Se refiere a San Pedro Poveda, fundador de la Institución Teresiana, que era buen amigo suyo a pesar de la diferencia de edad que existía entre ambos. Se encontraron, por última vez, pocos días antes del comienzo de la guerra civil (leer el comentario al punto 292 nota 40).

San Pedro Poveda fue asesinado en Madrid, por odio a la religión, el 28-VII-1936.

San Pedro Poveda

 

[3] Predicación de San Josemaría en la Legación de Honduras, «La Comunión de los Santos», 8-IV-1937, pg 32; III. Sobre «primeros cristianos» y catacumbas vid Ludwig Hertling – Engelbert Kirschbaum, Le catacombe romane nei loro martiri, Roma 1949, pg 7; Bernardino Llorca, Historia de la Iglesia Católica, I. Edad Antigua, BAC 54, 2ª ed, Madrid 1955, pg 292:

«Los ejemplos de los grandes atletas cristianos, recordados junto a su tumba y tal vez en alguna de las capillas o criptas de las catacumbas de al lado o en presencia de sus reliquias, poseían la virtud de enardecer a aquellos hombres, sobre los cuales pendía siempre la espada de la persecución».

―Sobre el tema «primeros cristianos» en Camino, leer el comentario al punto 971 y lugares allí señalados.